4o. Dom Ord Ciclo C (Id=112)
Sálvanos, Señor Dios nuestro; reúnenos de entre los paganos:
daremos gracias a tu santo nombre, y alabarte será nuestra gloria.
Oración Colecta
Oremos:
Señor: Concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda
también a todos los seres humanos.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Te nombré profeta de los paganos
Lectura del profeta Jeremías
1, 4-5.17-19
En los días de Josías, el Señor me habló así: Antes de
formarte en el vientre te conocí; antes que salieras del seno te consagré, te
constituí profeta de las naciones. Pero tú ármate de valor, levántate y diles
todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, no sea que yo te haga temblar
ante ellos.
Yo te hago hoy ciudad fortificada, columna de hierro y muralla de bronce frente
a todo el país: frente a los reyes de Judá y sus príncipes, frente a los
sacerdotes y los terratenientes. Ellos lucharán contra ti, pero no te vencerán,
porque yo estoy contigo para librarte.
Palabra del Señor.
Salmo Responsorial
Sal 70, 1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17
Mi boca proclamará todo el día tu salvación.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
En ti, Señor, me refugio; que yo no quede avergonzado para
siempre. Líbrame, rescátame tú que eres salvador; hazme caso y libérame.
Mi boca proclamará todo el día tu salvación.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Sé para mí una roca de refugio, una fortaleza donde me
salve, pues tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, rescátame de las manos
del malvado.
Mi boca proclamará todo el día tu salvación.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Porque tú eres mi esperanza, Señor, en ti confío, Señor,
desde mi juventud. En ti me apoyaba antes de nacer, tú eres mi protector desde
las entrañas de mi madre.
Mi boca proclamará todo el día tu salvación.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Mi boca proclamará todo el día tu salvación y tus actos
liberadores, que son innumerables. Desde mi juventud, Señor, me has instruido,
y yo he proclamado tus maravillas.
Mi boca proclamará todo el día tu salvación.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.
Quedan la fe, la esperanza y la caridad; pero la más grande
es el amor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los
Corintios
12, 31; 13, 1-13
Hermanos: Anhelen los carismas más valiosos. Y todavía les
voy a mostrar un camino más excelente.
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor,
soy como campana que suena o platillo que retumba. Y aunque tuviera el don de
hablar de parte de Dios y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y
aunque mi fe fuera tan grande como para trasladar las montañas, si no tengo
amor, nada soy. Y aunque repartiera todos mis bienes a los pobres y entregara
mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni arrogancia.
No es grosero, ni egoísta, no se irrita ni es rencoroso; no se alegra de la
injusticia; sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo disculpa, todo
lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca pasará. Terminará el don de hablar de parte de Dios, cesará el
don de expresarse en un lenguaje misterioso y desaparecerá también el don del
conocimiento profundo. Porque ahora conocemos de modo imperfecto, lo mismo que
es imperfecta nuestra capacidad de hablar de parte de Dios; pero cuando venga
lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hombre,
he dejado las cosas de niño. Ahora vemos por medio de un espejo y oscuramente;
pero un día conoceré como Dios mismo me conoce.
Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, el amor; pero la más
excelente de todas es el amor.
Palabra del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, Aleluya.
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.
Evangelizáre paupéribus misit
me Dóminus, praedicáre captivis remissiónem.
Aleluya.
Jesús, como Elías y Eliseo, nos es enviado sólo a los judíos
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 21-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
"Hoy se ha cumplido ante ustedes esta profecía".
Todos lo apoyaban y se admiraban de las palabras que había pronunciado. Comentaban:
"¿No es éste el hijo de José?"
El les dijo:
"Seguramente me recordarán el refrán: "Médico, cúrate a ti
mismo". Lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún,
hazlo también aquí, en tu pueblo".
Y añadió:
"La verdad es que ningún profeta es apreciado en su tierra. Les aseguro
que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando se cerró el cielo
por tres años y seis meses y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a
ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta,
en la región de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel cuando el profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino únicamente Naamán
el sirio".
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron; se
levantaron, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de
la montaña sobre el cual estaba edificada su ciudad, con ánimo de despeñarlo.
Pero él, abriéndose paso entre ellos, se fue.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Invoquemos, hermanos y hermanas, con corazón unánime y plegaria ferviente, a
Dios Padre, fuente y origen de todo bien.
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y
extendida por todo el mundo, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por nuestra nación, por su prosperidad y por todos sus
ciudadanos, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros,
por los pobres y todos los que sufren, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en
su reino de luz y felicidad, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, que en el profeta acogido por los extranjeros y rechazado en su
tierra natal, manifestaste el drama de la humanidad que acoge o rechaza tu
salvación, escucha nuestras oraciones y haz que nunca falten en la Iglesia
misioneros que, llenos de audacia, proclamen con valentía el Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Presentamos,
Señor, estas ofrendas en tu altar como signo de nuestra servidumbre; concédenos
que, al ser aceptadas por ti, se conviertan para tu pueblo en sacramento de
vida y redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La salvación, fruto de la obediencia de Cristo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu amor al mundo fue tan misericordioso que no sólo nos enviaste como
redentor a tu propio Hijo, sino que en todo lo quisiste semejante al hombre,
menos en el pecado, para poder así amar en nosotros lo que amabas en él.
Con su obediencia has restaurado aquellos dones que por nuestra desobediencia
habíamos perdido.
Por eso,
ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos
diciendo:
[Misa]
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu
misericordia, Señor, que no me avergüence de haberte invocado.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Reanimados por estos dones de nuestra salvación, te suplicamos, Señor, que el
pan de vida eterna nos haga crecer continuamente en la fe verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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